Carta a los
Romanos
Romanos 1
(Español-NVI)
1
Pablo,
siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, apartado para anunciar el
evangelio de Dios,
2
que por
medio de sus profetas ya había prometido en las sagradas Escrituras.
3
Este evangelio habla de su Hijo, que
según la naturaleza humana descendía de David,
4
pero que según el Espíritu de
santidad fue designado con poder Hijo de Dios por la resurrección. Él es
Jesucristo nuestro Señor.
5
Por medio
de él, y en honor a su nombre, recibimos el don apostólico para persuadir a
todas las naciones que obedezcan a la fe.
6
Entre ellas están incluidos también
ustedes, a quienes Jesucristo ha llamado.
7
Les escribo a todos ustedes, los
amados de Dios que están en Roma, que han sido llamados a ser santos. Que Dios
nuestro Padre y el Señor Jesucristo les concedan gracia y paz.
8
Ante todo, por medio de Jesucristo
doy gracias a mi Dios por todos ustedes, pues en todo el mundo se habla bien de
su fe.
9
Dios, a quien sirvo
de todo corazón predicando el evangelio de su Hijo, me es testigo de que los
recuerdo a ustedes sin cesar.
10
Siempre pido en mis oraciones que, si es la voluntad de Dios, por fin se
me abra ahora el camino para ir a visitarlos.
11
Tengo muchos deseos de verlos para
impartirles algún don espiritual que los fortalezca;
12
mejor dicho, para que unos a otros
nos animemos con la fe que compartimos.
13
Quiero que sepan, hermanos, que aunque hasta ahora no he podido
visitarlos, muchas veces me he propuesto hacerlo, para recoger algún fruto entre
ustedes, tal como lo he recogido entre las otras naciones.
14
Estoy en deuda con todos, sean
cultos o incultos, instruidos o ignorantes.
15
De allí mi gran anhelo de
predicarles el evangelio también a ustedes que están en Roma.
16
A la verdad, no me avergüenzo del
evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de
los judíos primeramente, pero también de los gentiles.
17
De hecho, en el evangelio se revela
la justicia que proviene de Dios, la cual es por fe de principio a fin, tal como
está escrito: "El justo vivirá por la fe."
18
Ciertamente, la ira de Dios viene
revelándose desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los seres
humanos, que con su maldad obstruyen la verdad.
19
Me explico: lo que se puede conocer
acerca de Dios es evidente para ellos, pues él mismo se lo ha revelado.
20
Porque desde la creación del mundo
las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza
divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie
tiene excusa.
21
A pesar de haber
conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que
se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato
corazón.
22
Aunque afirmaban
ser sabios, se volvieron necios
23
y cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes que eran réplicas
del hombre mortal, de las aves, de los cuadrúpedos y de los reptiles.
24
Por eso Dios los entregó a los malos
deseos de sus corazones, que conducen a la impureza sexual, de modo que
degradaron sus cuerpos los unos con los otros.
25
Cambiaron la verdad de Dios por la
mentira, adorando y sirviendo a los seres creados antes que al Creador, quien es
bendito por siempre. Amén.
26
Por
tanto, Dios los entregó a pasiones vergonzosas. En efecto, las mujeres cambiaron
las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza.
27
Así mismo los hombres dejaron las
relaciones naturales con la mujer y se encendieron en pasiones lujuriosas los
unos con los otros. Hombres con hombres cometieron actos indecentes, y en sí
mismos recibieron el castigo que merecía su perversión.
28
Además, como estimaron que no valía
la pena tomar en cuenta el conocimiento de Dios, él a su vez los entregó a la
depravación mental, para que hicieran lo que no debían hacer.
29
Se han llenado de toda clase de
maldad, perversidad, avaricia y depravación. Están repletos de envidia,
homicidios, disensiones, engaño y malicia. Son chismosos,
30
calumniadores, enemigos de Dios,
insolentes, soberbios y arrogantes; se ingenian maldades; se rebelan contra sus
padres;
31
son insensatos,
desleales, insensibles, despiadados.
32
Saben bien que, según el justo decreto de Dios, quienes practican tales
cosas merecen la muerte; sin embargo, no sólo siguen practicándolas sino que
incluso aprueban a quienes las practican.
Romanos 2
(Español-NVI)
1
Por tanto,
no tienes excusa tú, quienquiera que seas, cuando juzgas a los demás, pues al
juzgar a otros te condenas a ti mismo, ya que practicas las mismas cosas.
2
Ahora bien, sabemos que el juicio de
Dios contra los que practican tales cosas se basa en la verdad.
3
¿Piensas entonces que vas a escapar
del juicio de Dios, tú que juzgas a otros y sin embargo haces lo mismo que
ellos?
4
¿No ves que
desprecias las riquezas de la bondad de Dios, de su tolerancia y de su
paciencia, al no reconocer que su bondad quiere llevarte al arrepentimiento?
5
Pero por tu obstinación y por tu
corazón empedernido sigues acumulando castigo contra ti mismo para el día de la
ira, cuando Dios revelará su justo juicio.
6
Porque Dios "pagará a cada uno según
lo que haya hecho".
7
Él dará
vida eterna a los que, perseverando en las buenas obras, buscan gloria, honor e
inmortalidad.
8
Pero los que por
egoísmo rechazan la verdad para aferrarse a la maldad, recibirán el gran castigo
de Dios.
9
Habrá sufrimiento y
angustia para todos los que hacen el mal, los judíos primeramente, y también los
gentiles;
10
pero gloria, honor
y paz para todos los que hacen el bien, los judíos primeramente, y también los
gentiles.
11
Porque con Dios no
hay favoritismos.
12
Todos los
que han pecado sin conocer la ley, también perecerán sin la ley; y todos los que
han pecado conociendo la ley, por la ley serán juzgados.
13
Porque Dios no considera justos a
los que oyen la ley sino a los que la cumplen.
14
De hecho, cuando los gentiles, que
no tienen la ley, cumplen por naturaleza lo que la ley exige, ellos son ley para
sí mismos, aunque no tengan la ley.
15
Éstos muestran que llevan escrito en el corazón lo que la ley exige, como
lo atestigua su conciencia, pues sus propios pensamientos algunas veces los
acusan y otras veces los excusan.
16
Así sucederá el día en que, por medio de Jesucristo, Dios juzgará los
secretos de toda persona, como lo declara mi evangelio.
17
Ahora bien, tú que llevas el nombre
de judío; que dependes de la ley y te jactas de tu relación con Dios;
18
que conoces su voluntad y sabes
discernir lo que es mejor porque eres instruido por la ley;
19
que estás convencido de ser guía de
los ciegos y luz de los que están en la oscuridad,
20
instructor de los ignorantes,
maestro de los sencillos, pues tienes en la ley la esencia misma del
conocimiento y de la verdad;
21
en fin, tú que enseñas a otros, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que
predicas contra el robo, ¿robas?
22
Tú que dices que no se debe cometer adulterio, ¿adulteras? Tú que
aborreces a los ídolos, ¿robas de sus templos?
23
Tú que te jactas de la ley,
¿deshonras a Dios quebrantando la ley?
24
Así está escrito: "Por causa de ustedes se blasfema el nombre de Dios
entre los gentiles."
25
La
circuncisión tiene valor si observas la ley; pero si la quebrantas, vienes a ser
como un incircunciso.
26
Por lo
tanto, si los gentiles cumplen los requisitos de la ley, ¿no se les considerará
como si estuvieran circuncidados?
27
El que no está físicamente circuncidado, pero obedece a la ley, te
condenará a ti que, a pesar de tener el mandamiento escrito y la circuncisión,
quebrantas la ley.
28
Lo
exterior no hace a nadie judío, ni consiste la circuncisión en una señal en el
cuerpo.
29
El verdadero judío
lo es interiormente; y la circuncisión es la del corazón, la que realiza el
Espíritu, no el mandamiento escrito. Al que es judío así, lo alaba Dios y no la
gente.
Romanos 3
(Español-NVI)
1
Entonces,
¿qué se gana con ser judío, o qué valor tiene la circuncisión?
2
Mucho, desde cualquier punto de
vista. En primer lugar, a los judíos se les confiaron las palabras mismas de
Dios.
3
Pero entonces, si a
algunos les faltó la fe, ¿acaso su falta de fe anula la fidelidad de Dios?
4
¡De ninguna manera! Dios es siempre
veraz, aunque el hombre sea mentiroso. Así está escrito: "Que seas tenido por
justo en tus palabras, y que triunfes cuando te juzguen."
5
Pero si nuestra injusticia pone de
relieve la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Que Dios es injusto al descargar
sobre nosotros su ira? (Hablo en términos humanos.)
6
¡De ninguna manera! Si así fuera,
¿cómo podría Dios juzgar al mundo?
7
Alguien podría objetar: "Si mi mentira destaca la verdad de Dios y así
aumenta su gloria, ¿por qué todavía se me juzga como pecador?
8
¿Por qué no decir: Hagamos lo malo
para que venga lo bueno?" Así nos calumnian algunos, asegurando que eso es lo
que enseñamos. ¡Pero bien merecida se tienen la condenación!
9
¿A qué conclusión llegamos? ¿Acaso
los judíos somos mejores? ¡De ninguna manera! Ya hemos demostrado que tanto los
judíos como los gentiles están bajo el pecado.
10
Así está escrito: "No hay un solo
justo, ni siquiera uno;
11
no hay
nadie que entienda, nadie que busque a Dios.
12
Todos se han extraviado; por igual
se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno, no hay ni siquiera uno."
13
"Su garganta es un sepulcro abierto;
su lengua practica el engaño." "Hay veneno de víbora en sus labios."
14
"Su boca está llena de maldición y
de amargura."
15
"Veloces son sus
pies para ir a derramar sangre;
16
dejan ruina y miseria en su camino,
17
y no conocen el camino de paz."
18
"No hay temor de Dios delante de sus
ojos."
19
Ahora bien, sabemos
que todo lo que dice la ley, lo dice a quienes están sujetos a ella, para que
todo el mundo se calle la boca y quede convicto delante de Dios.
20
Por tanto, nadie será justificado en
presencia de Dios por hacer las obras que exige la ley; más bien, mediante la
ley cobramos conciencia del pecado.
21
Pero ahora, sin la mediación de la ley, se ha manifestado la justicia de
Dios, de la que dan testimonio la ley y los profetas.
22
Esta justicia de Dios llega,
mediante la fe en Jesucristo, a todos los que creen. De hecho, no hay
distinción,
23
pues todos han
pecado y están privados de la gloria de Dios,
24
pero por su gracia son justificados
gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó.
25
Dios lo ofreció como un sacrificio
de expiación que se recibe por la fe en su sangre, para así demostrar su
justicia. Anteriormente, en su paciencia, Dios había pasado por alto los
pecados;
26
pero en el tiempo
presente ha ofrecido a Jesucristo para manifestar su justicia. De este modo Dios
es justo y, a la vez, el que justifica a los que tienen fe en Jesús.
27
¿Dónde, pues, está la jactancia?
Queda excluida. ¿Por cuál principio? ¿Por el de la observancia de la ley? No,
sino por el de la fe.
28
Porque
sostenemos que todos somos justificados por la fe, y no por las obras que la ley
exige.
29
¿Es acaso Dios sólo
Dios de los judíos? ¿No lo es también de los gentiles? Sí, también es Dios de
los gentiles,
30
pues no hay más que
un solo Dios. Él justificará por la fe a los que están circuncidados y, mediante
esa misma fe, a los que no lo están.
31
¿Quiere decir que anulamos la ley con la fe? ¡De ninguna manera! Más
bien, confirmamos la ley.
Romanos 4
(Español-NVI)
1
Entonces,
¿qué diremos en el caso de nuestro antepasado Abraham?
2
En realidad, si Abraham hubiera sido
justificado por las obras, habría tenido de qué jactarse, pero no delante de
Dios.
3
Pues ¿qué dice la
Escritura? "Creyó Abraham a Dios, y esto se le tomó en cuenta como justicia."
4
Ahora bien, cuando alguien trabaja,
no se le toma en cuenta el salario como un favor sino como una deuda.
5
Sin embargo, al que no trabaja, sino
que cree en el que justifica al malvado, se le toma en cuenta la fe como
justicia.
6
David dice lo mismo
cuando habla de la dicha de aquel a quien Dios le atribuye justicia sin la
mediación de las obras:
7
"¡Dichosos
aquellos a quienes se les perdonan las transgresiones y se les cubren los
pecados!
8
¡Dichoso aquel cuyo
pecado el Señor no tomará en cuenta!"
9
¿Acaso se ha reservado esta dicha sólo para los que están circuncidados?
¿Acaso no es también para los gentiles? Hemos dicho que a Abraham se le tomó en
cuenta la fe como justicia.
10
¿Bajo qué circunstancias sucedió esto? ¿Fue antes o después de ser
circuncidado? ¡Antes, y no después!
11
Es más, cuando todavía no estaba circuncidado, recibió la señal de la
circuncisión como sello de la justicia que se le había tomado en cuenta por la
fe. Por tanto, Abraham es padre de todos los que creen, aunque no hayan sido
circuncidados, y a éstos se les toma en cuenta su fe como justicia.
12
Y también es padre de aquellos que,
además de haber sido circuncidados, siguen las huellas de nuestro padre Abraham,
quien creyó cuando todavía era incircunciso.
13
En efecto, no fue mediante la ley
como Abraham y su descendencia recibieron la promesa de que él sería heredero
del mundo, sino mediante la fe, la cual se le tomó en cuenta como justicia.
14
Porque si los que viven por la ley
fueran los herederos, entonces la fe no tendría ya ningún valor y la promesa no
serviría de nada.
15
La ley,
en efecto, acarrea castigo. Pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión.
16
Por eso la promesa viene por la fe,
a fin de que por la gracia quede garantizada para toda la descendencia de
Abraham; esta promesa no es sólo para los que son de la ley sino para los que
son también de la fe de Abraham, quien es el padre que tenemos en común
17
delante de Dios, tal como está
escrito: "Te he hecho padre de muchas naciones." Así que Abraham creyó en el
Dios que da vida a los muertos y que llama las cosas que no son como si ya
existieran.
18
Contra toda
esperanza, Abraham creyó y esperó, y de este modo llegó a ser padre de muchas
naciones, tal como se le había dicho: "Así de numerosa será tu descendencia."
19
Su fe no flaqueó, aunque reconocía
que su cuerpo estaba como muerto, pues ya tenía unos cien años, y que también
estaba muerta la matriz de Sara.
20
Ante la promesa de Dios no vaciló como un incrédulo, sino que se reafirmó
en su fe y dio gloria a Dios,
21
plenamente convencido de que Dios tenía poder para cumplir lo que había
prometido.
22
Por eso se le tomó
en cuenta su fe como justicia.
23
Y esto de que "se le tomó en cuenta" no se escribió sólo para Abraham,
24
sino también para nosotros. Dios
tomará en cuenta nuestra fe como justicia, pues creemos en aquel que levantó de
entre los muertos a Jesús nuestro Señor.
25
Él fue entregado a la muerte por nuestros pecados, y resucitó para
nuestra justificación.
Romanos 5
(Español-NVI)
1
En
consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con
Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.
2
También por medio de él, y mediante
la fe, tenemos acceso a esta gracia en la cual nos mantenemos firmes. Así que
nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios.
3
Y no sólo en esto, sino también en
nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia;
4
la perseverancia, entereza de
carácter; la entereza de carácter, esperanza.
5
Y esta esperanza no nos defrauda,
porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que
nos ha dado.
6
A la verdad, como
éramos incapaces de salvarnos, en el tiempo señalado Cristo murió por los
malvados.
7
Difícilmente habrá
quien muera por un justo, aunque tal vez haya quien se atreva a morir por una
persona buena.
8
Pero Dios demuestra
su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo
murió por nosotros.
9
Y ahora
que hemos sido justificados por su sangre, ¡con cuánta más razón, por medio de
él, seremos salvados del castigo de Dios!
10
Porque si, cuando éramos enemigos de
Dios, fuimos reconciliados con él mediante la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más
razón, habiendo sido reconciliados, seremos salvados por su vida!
11
Y no sólo esto, sino que también nos
regocijamos en Dios por nuestro Señor Jesucristo, pues gracias a él ya hemos
recibido la reconciliación.
12
Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y por medio del
pecado entró la muerte; fue así como la muerte pasó a toda la humanidad, porque
todos pecaron.
13
Antes de
promulgarse la ley, ya existía el pecado en el mundo. Es cierto que el pecado no
se toma en cuenta cuando no hay ley;
14
sin embargo, desde Adán hasta Moisés la muerte reinó, incluso sobre los
que no pecaron quebrantando un mandato, como lo hizo Adán, quien es figura de
aquel que había de venir.
15
Pero la
transgresión de Adán no puede compararse con la gracia de Dios. Pues si por la
transgresión de un solo hombre murieron todos, ¡cuánto más el don que vino por
la gracia de un solo hombre, Jesucristo, abundó para todos!
16
Tampoco se puede comparar la dádiva
de Dios con las consecuencias del pecado de Adán. El juicio que lleva a la
condenación fue resultado de un solo pecado, pero la dádiva que lleva a la
justificación tiene que ver con una multitud de transgresiones.
17
Pues si por la transgresión de un
solo hombre reinó la muerte, con mayor razón los que reciben en abundancia la
gracia y el don de la justicia reinarán en vida por medio de un solo hombre,
Jesucristo.
18
Por tanto, así como
una sola transgresión causó la condenación de todos, también un solo acto de
justicia produjo la justificación que da vida a todos.
19
Porque así como por la desobediencia
de uno solo muchos fueron constituidos pecadores, también por la obediencia de
uno solo muchos serán constituidos justos.
20
En lo que atañe a la ley, ésta
intervino para que aumentara la transgresión. Pero allí donde abundó el pecado,
sobreabundó la gracia,
21
a fin de
que, así como reinó el pecado en la muerte, reine también la gracia que nos trae
justificación y vida eterna por medio de Jesucristo nuestro Señor.
Romanos 6
(Español-NVI)
1
¿Qué
concluiremos? ¿Que vamos a persistir en el pecado, para que la gracia abunde?
2
¡De ninguna manera! Nosotros, que
hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?
3
¿Acaso no saben ustedes que todos
los que fuimos bautizados para unirnos con Cristo Jesús, en realidad fuimos
bautizados para participar en su muerte?
4
Por tanto, mediante el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, a
fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del Padre, también nosotros
llevemos una vida nueva.
5
En efecto,
si hemos estado unidos con él en su muerte, sin duda también estaremos unidos
con él en su resurrección.
6
Sabemos
que lo que antes éramos fue crucificado con él para que nuestro cuerpo
pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del
pecado;
7
porque el que muere
queda liberado del pecado.
8
Ahora
bien, si hemos muerto con Cristo, confiamos que también viviremos con él.
9
Pues sabemos que Cristo, por haber
sido levantado de entre los muertos, ya no puede volver a morir; la muerte ya no
tiene dominio sobre él.
10
En cuanto
a su muerte, murió al pecado una vez y para siempre; en cuanto a su vida, vive
para Dios.
11
De la misma manera,
también ustedes considérense muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo
Jesús.
12
Por lo tanto, no
permitan ustedes que el pecado reine en su cuerpo mortal, ni obedezcan a sus
malos deseos.
13
No ofrezcan los
miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de injusticia; al contrario,
ofrézcanse más bien a Dios como quienes han vuelto de la muerte a la vida,
presentando los miembros de su cuerpo como instrumentos de justicia.
14
Así el pecado no tendrá dominio
sobre ustedes, porque ya no están bajo la ley sino bajo la gracia.
15
Entonces, ¿qué? ¿Vamos a pecar
porque no estamos ya bajo la ley sino bajo la gracia? ¡De ninguna manera!
16
¿Acaso no saben ustedes que, cuando
se entregan a alguien para obedecerlo, son esclavos de aquel a quien obedecen?
Claro que lo son, ya sea del pecado que lleva a la muerte, o de la obediencia
que lleva a la justicia.
17
Pero
gracias a Dios que, aunque antes eran esclavos del pecado, ya se han sometido de
corazón a la enseñanza que les fue transmitida.
18
En efecto, habiendo sido liberados
del pecado, ahora son ustedes esclavos de la justicia.
19
Hablo en términos humanos, por las
limitaciones de su naturaleza humana. Antes ofrecían ustedes los miembros de su
cuerpo para servir a la impureza, que lleva más y más a la maldad; ofrézcanlos
ahora para servir a la justicia que lleva a la santidad.
20
Cuando ustedes eran esclavos del
pecado, estaban libres del dominio de la justicia.
21
¿Qué fruto cosechaban entonces?
¡Cosas que ahora los avergüenzan y que conducen a la muerte!
22
Pero ahora que han sido liberados
del pecado y se han puesto al servicio de Dios, cosechan la santidad que conduce
a la vida eterna.
23
Porque la
paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en
Cristo Jesús, nuestro Señor.
Romanos 7
(Español-NVI)
1
Hermanos,
les hablo como a quienes conocen la ley. ¿Acaso no saben que uno está sujeto a
la ley solamente en vida?
2
Por
ejemplo, la casada está ligada por ley a su esposo sólo mientras éste vive; pero
si su esposo muere, ella queda libre de la ley que la unía a su esposo.
3
Por eso, si se casa con otro hombre
mientras su esposo vive, se le considera adúltera. Pero si muere su esposo, ella
queda libre de esa ley, y no es adúltera aunque se case con otro hombre.
4
Así mismo, hermanos míos, ustedes
murieron a la ley mediante el cuerpo crucificado de Cristo, a fin de pertenecer
al que fue levantado de entre los muertos. De este modo daremos fruto para Dios.
5
Porque cuando nuestra naturaleza
pecaminosa aún nos dominaba, las malas pasiones que la ley nos despertaba
actuaban en los miembros de nuestro cuerpo, y dábamos fruto para muerte.
6
Pero ahora, al morir a lo que nos
tenía subyugados, hemos quedado libres de la ley, a fin de servir a Dios con el
nuevo poder que nos da el Espíritu, y no por medio del antiguo mandamiento
escrito.
7
¿Qué concluiremos?
¿Que la ley es pecado? ¡De ninguna manera! Sin embargo, si no fuera por la ley,
no me habría dado cuenta de lo que es el pecado. Por ejemplo, nunca habría
sabido yo lo que es codiciar si la ley no hubiera dicho: "No codicies."
8
Pero el pecado, aprovechando la
oportunidad que le proporcionó el mandamiento, despertó en mí toda clase de
codicia. Porque aparte de la ley el pecado está muerto.
9
En otro tiempo yo tenía vida aparte
de la ley; pero cuando vino el mandamiento, cobró vida el pecado y yo morí.
10
Se me hizo evidente que el mismo
mandamiento que debía haberme dado vida me llevó a la muerte;
11
porque el pecado se aprovechó del
mandamiento, me engañó, y por medio de él me mató.
12
Concluimos, pues, que la ley es
santa, y que el mandamiento es santo, justo y bueno.
13
Pero entonces, ¿lo que es bueno se
convirtió en muerte para mí? ¡De ninguna manera! Más bien fue el pecado lo que,
valiéndose de lo bueno, me produjo la muerte; ocurrió así para que el pecado se
manifestara claramente, o sea, para que mediante el mandamiento se demostrara lo
extremadamente malo que es el pecado.
14
Sabemos, en efecto, que la ley es espiritual. Pero yo soy meramente
humano, y estoy vendido como esclavo al pecado.
15
No entiendo lo que me pasa, pues no
hago lo que quiero, sino lo que aborrezco.
16
Ahora bien, si hago lo que no
quiero, estoy de acuerdo en que la ley es buena;
17
pero, en ese caso, ya no soy yo
quien lo lleva a cabo sino el pecado que habita en mí.
18
Yo sé que en mí, es decir, en mi
naturaleza pecaminosa, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy
capaz de hacerlo.
19
De hecho,
no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero.
20
Y si hago lo que no quiero, ya no
soy yo quien lo hace sino el pecado que habita en mí.
21
Así que descubro esta ley: que
cuando quiero hacer el bien, me acompaña el mal.
22
Porque en lo íntimo de mi ser me
deleito en la ley de Dios;
23
pero me
doy cuenta de que en los miembros de mi cuerpo hay otra ley, que es la ley del
pecado. Esta ley lucha contra la ley de mi mente, y me tiene cautivo.
24
¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me
librará de este cuerpo mortal?
25
¡Gracias a Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor! En conclusión, con
la mente yo mismo me someto a la ley de Dios, pero mi naturaleza pecaminosa está
sujeta a la ley del pecado.
Romanos 8
(Español-NVI)
1
Por lo
tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús,
2
pues por medio de él la ley del
Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte.
3
En efecto, la ley no pudo liberarnos
porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio
Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se
ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la
naturaleza humana,
4
a fin de
que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos
según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu.
5
Los que viven conforme a la
naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio,
los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu.
6
La mentalidad pecaminosa es muerte,
mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz.
7
La mentalidad pecaminosa es enemiga
de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo.
8
Los que viven según la naturaleza
pecaminosa no pueden agradar a Dios.
9
Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según
el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene
el Espíritu de Cristo, no es de Cristo.
10
Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado,
pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia.
11
Y si el Espíritu de aquel que
levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a
Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio
de su Espíritu, que vive en ustedes.
12
Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir
conforme a la naturaleza pecaminosa.
13
Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del
Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán.
14
Porque todos los que son guiados por
el Espíritu de Dios son hijos de Dios.
15
Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo,
sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba!
¡Padre!"
16
El Espíritu mismo
le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.
17
Y si somos hijos, somos herederos;
herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él,
también tendremos parte con él en su gloria.
18
De hecho, considero que en nada se
comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en
nosotros.
19
La creación aguarda
con ansiedad la revelación de los hijos de Dios,
20
porque fue sometida a la
frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo
dispuso. Pero queda la firme esperanza
21
de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la
esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
22
Sabemos que toda la creación todavía
gime a una, como si tuviera dolores de parto.
23
Y no sólo ella, sino también
nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente,
mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de
nuestro cuerpo.
24
Porque en esa
esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza.
¿Quién espera lo que ya tiene?
25
Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos
nuestra constancia.
26
Así
mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir,
pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden
expresarse con palabras.
27
Y Dios,
que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el
Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios.
28
Ahora bien, sabemos que Dios dispone
todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de
acuerdo con su propósito.
29
Porque a
los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados
según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos
hermanos.
30
A los que
predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los
que justificó, también los glorificó.
31
¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede
estar en contra nuestra?
32
El que no
escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no
habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas?
33
¿Quién acusará a los que Dios ha
escogido? Dios es el que justifica.
34
¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y
está a la derecha de Dios e intercede por nosotros.
35
¿Quién nos apartará del amor de
Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la
indigencia, el peligro, o la violencia?
36
Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el
día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero."
37
Sin embargo, en todo esto somos más
que vencedores por medio de aquel que nos amó.
38
Pues estoy convencido de que ni la
muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por
venir, ni los poderes,
39
ni lo
alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del
amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.
Romanos 9
(Español-NVI)
1
Digo la
verdad en Cristo; no miento. Mi conciencia me lo confirma en el Espíritu Santo.
2
Me invade una gran tristeza y me
embarga un continuo dolor.
3
Desearía
yo mismo ser maldecido y separado de Cristo por el bien de mis hermanos, los de
mi propia raza,
4
el pueblo de
Israel. De ellos son la adopción como hijos, la gloria divina, los pactos, la
ley, y el privilegio de adorar a Dios y contar con sus promesas.
5
De ellos son los patriarcas, y de
ellos, según la naturaleza humana, nació Cristo, quien es Dios sobre todas las
cosas. ¡Alabado sea por siempre! Amén.
6
Ahora bien, no digamos que la Palabra de Dios ha fracasado. Lo que sucede
es que no todos los que descienden de Israel son Israel.
7
Tampoco por ser descendientes de
Abraham son todos hijos suyos. Al contrario: "Tu descendencia se establecerá por
medio de Isaac."
8
En otras palabras,
los hijos de Dios no son los descendientes naturales; más bien, se considera
descendencia de Abraham a los hijos de la promesa.
9
Y la promesa es ésta: "El próximo
año volveré, y Sara tendrá un hijo."
10
No sólo eso. También sucedió que los hijos de Rebeca tuvieron un mismo
padre, que fue nuestro antepasado Isaac.
11
Sin embargo, antes de que los mellizos nacieran, o hicieran algo bueno o
malo, y para confirmar el propósito de la elección divina,
12
no en base a las obras sino al
llamado de Dios, se le dijo a ella: "El mayor servirá al menor."
13
Y así está escrito: "Amé a Jacob,
pero aborrecí a Esaú."
14
¿Qué
concluiremos? ¿Acaso es Dios injusto? ¡De ninguna manera!
15
Es un hecho que a Moisés le dice:
"Tendré misericordia de quien yo tenga misericordia; y me compadeceré de quien
yo me compadezca."
16
Por lo
tanto, la elección no depende del deseo ni del esfuerzo humano sino de la
misericordia de Dios.
17
Porque la
Escritura le dice al faraón: "Te levanté precisamente para mostrar en ti mi
poder, y para que mi nombre sea proclamado por toda la tierra."
18
Así que Dios tiene misericordia de
quien él quiere tenerla, y endurece a quien él quiere endurecer.
19
Pero tú me dirás: "Entonces, ¿por
qué todavía nos echa la culpa Dios? ¿Quién puede oponerse a su voluntad?"
20
Respondo: ¿Quién eres tú para
pedirle cuentas a Dios? "¿Acaso le dirá la olla de barro al que la modeló: '¿Por
qué me hiciste así?' "
21
¿No tiene
derecho el alfarero de hacer del mismo barro unas vasijas para usos especiales y
otras para fines ordinarios?
22
¿Y qué si Dios, queriendo mostrar su ira y dar a conocer su poder,
soportó con mucha paciencia a los que eran objeto de su castigo y estaban
destinados a la destrucción?
23
¿Qué si lo hizo para dar a conocer sus gloriosas riquezas a los que eran
objeto de su misericordia, y a quienes de antemano preparó para esa gloria?
24
Ésos somos nosotros, a quienes Dios
llamó no sólo de entre los judíos sino también de entre los gentiles.
25
Así lo dice Dios en el libro de
Oseas: "Llamaré 'mi pueblo' a los que no son mi pueblo; y llamaré 'mi amada' a
la que no es mi amada",
26
"Y
sucederá que en el mismo lugar donde se les dijo: 'Ustedes no son mi pueblo',
serán llamados 'hijos del Dios viviente'."
27
Isaías, por su parte, proclama
respecto de Israel: "Aunque los israelitas sean tan numerosos como la arena del
mar, sólo el remanente será salvo;
28
porque plenamente y sin demora el Señor cumplirá su sentencia en la
tierra."
29
Así había dicho
Isaías: "Si no fuera porque el Señor Todopoderoso nos dejó descendientes,
habríamos llegado a ser como Sodoma, habríamos sido como Gomorra."
30
¿Qué concluiremos? Pues que los
gentiles, que no buscaban la justicia, la han alcanzado. Me refiero a la
justicia que es por la fe.
31
En cambio
Israel, que iba en busca de una ley que le diera justicia, no ha alcanzado esa
justicia.
32
¿Por qué no? Porque
no la buscaron mediante la fe sino mediante las obras, como si fuera posible
alcanzarla así. Por eso tropezaron con la "piedra de tropiezo",
33
como está escrito: "Miren que pongo
en Sión una piedra de tropiezo y una roca que hace caer; pero el que confíe en
él no será defraudado."
Romanos 10
(Español-NVI)
1
Hermanos,
el deseo de mi corazón, y mi oración a Dios por los israelitas, es que lleguen a
ser salvos.
2
Puedo declarar en
favor de ellos que muestran celo por Dios, pero su celo no se basa en el
conocimiento.
3
No conociendo la
justicia que proviene de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se
sometieron a la justicia de Dios.
4
De hecho, Cristo es el fin de la ley, para que todo el que cree reciba la
justicia.
5
Así describe Moisés
la justicia que se basa en la ley: "Quien haga estas cosas vivirá por ellas."
6
Pero la justicia que se basa en la
fe afirma: "No digas en tu corazón: '¿Quién subirá al cielo?' (es decir, para
hacer bajar a Cristo),
7
o '¿Quién
bajará al abismo?' " (es decir, para hacer subir a Cristo de entre los muertos).
8
¿Qué afirma entonces? "Cerca de ti
está la palabra, en tu boca y en tu corazón." Esta es la palabra de fe que
predicamos:
9
que si confiesas
con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de
entre los muertos, serás salvo.
10
Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se
confiesa para ser salvo.
11
Así dice
la Escritura: "Todo el que confíe en él no será jamás defraudado."
12
No hay diferencia entre judíos y
gentiles, pues el mismo Señor es Señor de todos y bendice abundantemente a
cuantos lo invocan,
13
porque
"todo el que invoque el nombre del Señor será salvo".
14
Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel
en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo
oirán si no hay quien les predique?
15
¿Y quién predicará sin ser enviado? Así está escrito: "¡Qué hermoso es
recibir al mensajero que trae buenas nuevas!"
16
Sin embargo, no todos los israelitas
aceptaron las buenas nuevas. Isaías dice: "Señor, ¿quién ha creído a nuestro
mensaje?"
17
Así que la fe viene
como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de
Cristo.
18
Pero pregunto:
¿Acaso no oyeron? ¡Claro que sí! "Por toda la tierra se difundió la voz de
ellos, y sus palabras hasta los confines del mundo."
19
Pero insisto: ¿Acaso no entendió
Israel? En primer lugar, Moisés dice: "A ustedes yo mismo los pondré celosos con
una nación que no es nación; los provocaré a enojo con una nación insensata."
20
Luego Isaías se atreve a decir:
"Dejé que me hallaran los que no me buscaban; me di a conocer a los que no
preguntaban por mí."
21
En
cambio, respecto de Israel, dice: "Todo el día extendí mis manos hacia un pueblo
desobediente y rebelde."
Romanos 11
(Español-NVI)
1
Por lo
tanto, pregunto: ¿Acaso rechazó Dios a su pueblo? ¡De ninguna manera! Yo mismo
soy israelita, descendiente de Abraham, de la tribu de Benjamín.
2
Dios no rechazó a su pueblo, al que
de antemano conoció. ¿No saben lo que relata la Escritura en cuanto a Elías?
Acusó a Israel delante de Dios:
3
"Señor, han matado a tus profetas y han derribado tus altares; sólo yo he
quedado con vida, y están tratando de matarme."
4
¿Y qué le contestó la voz divina?
"He apartado para mí siete mil hombres que no han doblado la rodilla ante Baal."
5
Así también hay en la actualidad un
remanente escogido por gracia.
6
Y si es por gracia, ya no es por obras; porque en tal caso la gracia ya
no sería gracia.
7
¿Qué concluiremos?
Pues que Israel no consiguió lo que tanto deseaba, pero sí lo consiguieron los
elegidos. Los demás fueron endurecidos,
8
como está escrito: "Dios les dio un espíritu insensible, ojos con los que
no pueden ver y oídos con los que no pueden oír, hasta el día de hoy."
9
Y David dice: "Que sus banquetes se
les conviertan en red y en trampa, en tropezadero y en castigo.
10
Que se oscurezcan sus ojos para que
no puedan ver, y se encorven sus espaldas para siempre."
11
Ahora pregunto: ¿Acaso tropezaron
para no volver a levantarse? ¡De ninguna manera! Más bien, gracias a su
transgresión ha venido la salvación a los gentiles, para que Israel sienta
celos.
12
Pero si su
transgresión ha enriquecido al mundo, es decir, si su fracaso ha enriquecido a
los gentiles, ¡cuánto mayor será la riqueza que su plena restauración producirá!
13
Me dirijo ahora a ustedes, los
gentiles. Como apóstol que soy de ustedes, le hago honor a mi ministerio,
14
pues quisiera ver si de algún modo
despierto los celos de mi propio pueblo, para así salvar a algunos de ellos.
15
Pues si el haberlos rechazado dio
como resultado la reconciliación entre Dios y el mundo, ¿no será su restitución
una vuelta a la vida?
16
Si se
consagra la parte de la masa que se ofrece como primicias, también se consagra
toda la masa; si la raíz es santa, también lo son las ramas.
17
Ahora bien, es verdad que algunas de
las ramas han sido desgajadas, y que tú, siendo de olivo silvestre, has sido
injertado entre las otras ramas. Ahora participas de la savia nutritiva de la
raíz del olivo.
18
Sin embargo, no te
vayas a creer mejor que las ramas originales. Y si te jactas de ello, ten en
cuenta que no eres tú quien nutre a la raíz, sino que es la raíz la que te nutre
a ti.
19
Tal vez dirás:
"Desgajaron unas ramas para que yo fuera injertado."
20
De acuerdo. Pero ellas fueron
desgajadas por su falta de fe, y tú por la fe te mantienes firme. Así que no
seas arrogante sino temeroso;
21
porque si Dios no tuvo miramientos con las ramas originales, tampoco los
tendrá contigo.
22
Por tanto,
considera la bondad y la severidad de Dios: severidad hacia los que cayeron y
bondad hacia ti. Pero si no te mantienes en su bondad, tú también serás
desgajado.
23
Y si ellos dejan de
ser incrédulos, serán injertados, porque Dios tiene poder para injertarlos de
nuevo.
24
Después de todo, si
tú fuiste cortado de un olivo silvestre, al que por naturaleza pertenecías, y
contra tu condición natural fuiste injertado en un olivo cultivado, ¡con cuánta
mayor facilidad las ramas naturales de ese olivo serán injertadas de nuevo en
él!
25
Hermanos, quiero
que entiendan este misterio para que no se vuelvan presuntuosos. Parte de Israel
se ha endurecido, y así permanecerá hasta que haya entrado la totalidad de los
gentiles.
26
De esta manera todo
Israel será salvo, como está escrito: "Vendrá de Sión el libertador, que
apartará de Jacob la impiedad.
27
Y éste será mi pacto con ellos cuando perdone sus pecados."
28
Con respecto al evangelio, los
israelitas son enemigos de Dios para bien de ustedes; pero si tomamos en cuenta
la elección, son amados de Dios por causa de los patriarcas,
29
porque las dádivas de Dios son
irrevocables, como lo es también su llamamiento.
30
De hecho, en otro tiempo ustedes
fueron desobedientes a Dios; pero ahora, por la desobediencia de los israelitas,
han sido objeto de su misericordia.
31
Así mismo, estos que han desobedecido recibirán misericordia ahora, como
resultado de la misericordia de Dios hacia ustedes.
32
En fin, Dios ha sujetado a todos a
la desobediencia, con el fin de tener misericordia de todos.
33
¡Qué profundas son las riquezas de
la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Qué indescifrables sus juicios e
impenetrables sus caminos!
34
"¿Quién
ha conocido la mente del Señor? ¿O quién ha sido su consejero?"
35
"¿Quién le ha dado primero a Dios,
para que luego Dios le pague?"
36
Porque todas las cosas proceden de él, y existen por él y para él. ¡A él
sea la gloria por siempre! Amén.
Romanos 12
(Español-NVI)
1
Por lo
tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada
uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo,
santo y agradable a Dios.
2
No se
amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su
mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y
perfecta.
3
Por la gracia que
se me ha dado, les digo a todos ustedes: Nadie tenga un concepto de sí más alto
que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la
medida de fe que Dios le haya dado.
4
Pues así como cada uno de nosotros tiene un solo cuerpo con muchos
miembros, y no todos estos miembros desempeñan la misma función,
5
también nosotros, siendo muchos,
formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a todos los demás.
6
Tenemos dones diferentes, según la
gracia que se nos ha dado. Si el don de alguien es el de profecía, que lo use en
proporción con su fe;
7
si es el
de prestar un servicio, que lo preste; si es el de enseñar, que enseñe;
8
si es el de animar a otros, que los
anime; si es el de socorrer a los necesitados, que dé con generosidad; si es el
de dirigir, que dirija con esmero; si es el de mostrar compasión, que lo haga
con alegría.
9
El amor debe ser
sincero. Aborrezcan el mal; aférrense al bien.
10
Ámense los unos a los otros con amor
fraternal, respetándose y honrándose mutuamente.
11
Nunca dejen de ser diligentes; antes
bien, sirvan al Señor con el fervor que da el Espíritu.
12
Alégrense en la esperanza, muestren
paciencia en el sufrimiento, perseveren en la oración.
13
Ayuden a los hermanos necesitados.
Practiquen la hospitalidad.
14
Bendigan a quienes los persigan; bendigan y no maldigan.
15
Alégrense con los que están alegres;
lloren con los que lloran.
16
Vivan en
armonía los unos con los otros. No sean arrogantes, sino háganse solidarios con
los humildes. No se crean los únicos que saben.
17
No paguen a nadie mal por mal.
Procuren hacer lo bueno delante de todos.
18
Si es posible, y en cuanto dependa
de ustedes, vivan en paz con todos.
19
No tomen venganza, hermanos míos, sino dejen el castigo en las manos de
Dios, porque está escrito: "Mía es la venganza; yo pagaré", dice el Señor.
20
Antes bien, "Si tu enemigo tiene
hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Actuando así, harás que se
avergüence de su conducta."
21
No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien.
Romanos 13
(Español-NVI)
1
Todos
deben someterse a las autoridades públicas, pues no hay autoridad que Dios no
haya dispuesto, así que las que existen fueron establecidas por él.
2
Por lo tanto, todo el que se opone a
la autoridad se rebela contra lo que Dios ha instituido. Los que así proceden
recibirán castigo.
3
Porque los
gobernantes no están para infundir terror a los que hacen lo bueno sino a los
que hacen lo malo. ¿Quieres librarte del miedo a la autoridad? Haz lo bueno, y
tendrás su aprobación,
4
pues está
al servicio de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, entonces debes tener
miedo. No en vano lleva la espada, pues está al servicio de Dios para impartir
justicia y castigar al malhechor.
5
Así que es necesario someterse a las autoridades, no sólo para evitar el
castigo sino también por razones de conciencia.
6
Por eso mismo pagan ustedes
impuestos, pues las autoridades están al servicio de Dios, dedicadas
precisamente a gobernar.
7
Paguen a
cada uno lo que le corresponda: si deben impuestos, paguen los impuestos; si
deben contribuciones, paguen las contribuciones; al que deban respeto,
muéstrenle respeto; al que deban honor, ríndanle honor.
8
No tengan deudas pendientes con
nadie, a no ser la de amarse unos a otros. De hecho, quien ama al prójimo ha
cumplido la ley.
9
Porque los
mandamientos que dicen: "No cometas adulterio", "No mates", "No robes", "No
codicies", y todos los demás mandamientos, se resumen en este precepto: "Ama a
tu prójimo como a ti mismo."
10
El amor no perjudica al prójimo. Así que el amor es el cumplimiento de la
ley.
11
Hagan todo esto
estando conscientes del tiempo en que vivimos. Ya es hora de que despierten del
sueño, pues nuestra salvación está ahora más cerca que cuando inicialmente
creímos.
12
La noche está muy
avanzada y ya se acerca el día. Por eso, dejemos a un lado las obras de la
oscuridad y pongámonos la armadura de la luz.
13
Vivamos decentemente, como a la luz
del día, no en orgías y borracheras, ni en inmoralidad sexual y libertinaje, ni
en disensiones y envidias.
14
Más bien,
revístanse ustedes del Señor Jesucristo, y no se preocupen por satisfacer los
deseos de la naturaleza pecaminosa.
Romanos 14
(Español-NVI)
1
Reciban al
que es débil en la fe, pero no para entrar en discusiones.
2
A algunos su fe les permite comer de
todo, pero hay quienes son débiles en la fe, y sólo comen verduras.
3
El que come de todo no debe
menospreciar al que no come ciertas cosas, y el que no come de todo no debe
condenar al que lo hace, pues Dios lo ha aceptado.
4
¿Quién eres tú para juzgar al siervo
de otro? Que se mantenga en pie, o que caiga, es asunto de su propio señor. Y se
mantendrá en pie, porque el Señor tiene poder para sostenerlo.
5
Hay quien considera que un día tiene
más importancia que otro, pero hay quien considera iguales todos los días. Cada
uno debe estar firme en sus propias opiniones.
6
El que le da importancia especial a
cierto día, lo hace para el Señor. El que come de todo, come para el Señor, y lo
demuestra dándole gracias a Dios; y el que no come, para el Señor se abstiene, y
también da gracias a Dios.
7
Porque
ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni tampoco muere para sí.
8
Si vivimos, para el Señor vivimos; y
si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del
Señor somos.
9
Para esto mismo
murió Cristo, y volvió a vivir, para ser Señor tanto de los que han muerto como
de los que aún viven.
10
Tú,
entonces, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú, ¿por qué lo menosprecias? ¡Todos
tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios!
11
Está escrito: "Tan cierto como que
yo vivo --dice el Señor--, ante mí se doblará toda rodilla y toda lengua
confesará a Dios."
12
Así que
cada uno de nosotros tendrá que dar cuentas de sí a Dios.
13
Por tanto, dejemos de juzgarnos unos
a otros. Más bien, propónganse no poner tropiezos ni obstáculos al hermano.
14
Yo, de mi parte, estoy plenamente
convencido en el Señor Jesús de que no hay nada impuro en sí mismo. Si algo es
impuro, lo es solamente para quien así lo considera.
15
Ahora bien, si tu hermano se
angustia por causa de lo que comes, ya no te comportas con amor. No destruyas,
por causa de la comida, al hermano por quien Cristo murió.
16
En una palabra, no den lugar a que
se hable mal del bien que ustedes practican,
17
porque el reino de Dios no es
cuestión de comidas o bebidas sino de justicia, paz y alegría en el Espíritu
Santo.
18
El que de esta
manera sirve a Cristo, agrada a Dios y es aprobado por sus semejantes.
19
Por lo tanto, esforcémonos por
promover todo lo que conduzca a la paz y a la mutua edificación.
20
No destruyas la obra de Dios por
causa de la comida. Todo alimento es puro; lo malo es hacer tropezar a otros por
lo que uno come.
21
Más vale no comer
carne ni beber vino, ni hacer nada que haga caer a tu hermano.
22
Así que la convicción que tengas tú
al respecto, manténla como algo entre Dios y tú. Dichoso aquel a quien su
conciencia no lo acusa por lo que hace.
23
Pero el que tiene dudas en cuanto a lo que come, se condena; porque no lo
hace por convicción. Y todo lo que no se hace por convicción es pecado.
Romanos 15
(Español-NVI)
1
Los
fuertes en la fe debemos apoyar a los débiles, en vez de hacer lo que nos
agrada.
2
Cada uno debe
agradar al prójimo para su bien, con el fin de edificarlo.
3
Porque ni siquiera Cristo se agradó
a sí mismo sino que, como está escrito: "Las ofensas de los que te insultan han
caído sobre mí."
4
De hecho, todo lo
que se escribió en el pasado se escribió para enseñarnos, a fin de que,
alentados por las Escrituras, perseveremos en mantener nuestra esperanza.
5
Que el Dios que infunde aliento y
perseverancia les conceda vivir juntos en armonía, conforme al ejemplo de Cristo
Jesús,
6
para que con un
solo corazón y a una sola voz glorifiquen al Dios y Padre de nuestro Señor
Jesucristo.
7
Por tanto,
acéptense mutuamente, así como Cristo los aceptó a ustedes para gloria de Dios.
8
Les digo que Cristo se hizo servidor
de los judíos para demostrar la fidelidad de Dios, a fin de confirmar las
promesas hechas a los patriarcas,
9
y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su compasión, como está
escrito: "Por eso te alabaré entre las naciones; cantaré himnos a tu nombre."
10
En otro pasaje dice: "Alégrense,
naciones, con el pueblo de Dios."
11
Y en otra parte: "Alaben al Señor, naciones todas; pueblos todos,
cántenle alabanzas."
12
A su vez,
Isaías afirma: "Brotará la raíz de Isaí, el que se levantará para gobernar a las
naciones; en él los pueblos pondrán su esperanza."
13
Que el Dios de la esperanza los
llene de toda alegría y paz a ustedes que creen en él, para que rebosen de
esperanza por el poder del Espíritu Santo.
14
Por mi parte, hermanos míos, estoy
seguro de que ustedes mismos rebosan de bondad, abundan en conocimiento y están
capacitados para instruirse unos a otros.
15
Sin embargo, les he escrito con
mucha franqueza sobre algunos asuntos, como para refrescarles la memoria. Me he
atrevido a hacerlo por causa de la gracia que Dios me dio
16
para ser ministro de Cristo Jesús a
los gentiles. Yo tengo el deber sacerdotal de proclamar el evangelio de Dios, a
fin de que los gentiles lleguen a ser una ofrenda aceptable a Dios, santificada
por el Espíritu Santo.
17
Por
tanto, mi servicio a Dios es para mí motivo de orgullo en Cristo Jesús.
18
No me atreveré a hablar de nada sino
de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para que los gentiles lleguen a
obedecer a Dios. Lo ha hecho con palabras y obras,
19
mediante poderosas señales y
milagros, por el poder del Espíritu de Dios. Así que, habiendo comenzado en
Jerusalén, he completado la proclamación del evangelio de Cristo por todas
partes, hasta la región de Iliria.
20
En efecto, mi propósito ha sido predicar el evangelio donde Cristo no sea
conocido, para no edificar sobre fundamento ajeno.
21
Más bien, como está escrito: "Los
que nunca habían recibido noticia de él, lo verán; y entenderán los que no
habían oído hablar de él."
22
Este
trabajo es lo que muchas veces me ha impedido ir a visitarlos.
23
Pero ahora que ya no me queda un
lugar dónde trabajar en estas regiones, y como desde hace muchos años anhelo
verlos,
24
tengo planes de
visitarlos cuando vaya rumbo a España. Espero que, después de que haya
disfrutado de la compañía de ustedes por algún tiempo, me ayuden a continuar el
viaje.
25
Por ahora, voy a
Jerusalén para llevar ayuda a los hermanos,
26
ya que Macedonia y Acaya tuvieron a
bien hacer una colecta para los hermanos pobres de Jerusalén.
27
Lo hicieron de buena voluntad,
aunque en realidad era su obligación hacerlo. Porque si los gentiles han
participado de las bendiciones espirituales de los judíos, están en deuda con
ellos para servirles con las bendiciones materiales.
28
Así que, una vez que yo haya
cumplido esta tarea y entregado en sus manos este fruto, saldré para España y de
paso los visitaré a ustedes.
29
Sé que, cuando los visite, iré con la abundante bendición de Cristo.
30
Les ruego, hermanos, por nuestro
Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que se unan conmigo en esta lucha y
que oren a Dios por mí.
31
Pídanle
que me libre de caer en manos de los incrédulos que están en Judea, y que los
hermanos de Jerusalén reciban bien la ayuda que les llevo.
32
De este modo, por la voluntad de
Dios, llegaré a ustedes con alegría y podré descansar entre ustedes por algún
tiempo.
33
El Dios de paz sea
con todos ustedes. Amén.
Romanos 16
(Español-NVI)
1
Les
recomiendo a nuestra hermana Febe, diaconisa de la iglesia de Cencrea.
2
Les pido que la reciban dignamente
en el Señor, como conviene hacerlo entre hermanos en la fe; préstenle toda la
ayuda que necesite, porque ella ha ayudado a muchas personas, entre las que me
cuento yo.
3
Saluden a Priscila
y a Aquila, mis compañeros de trabajo en Cristo Jesús.
4
Por salvarme la vida, ellos
arriesgaron la suya. Tanto yo como todas las iglesias de los gentiles les
estamos agradecidos.
5
Saluden
igualmente a la iglesia que se reúne en la casa de ellos. Saluden a mi querido
hermano Epeneto, el primer convertido a Cristo en la provincia de Asia.
6
Saluden a María, que tanto ha
trabajado por ustedes.
7
Saluden a
Andrónico y a Junías, mis parientes y compañeros de cárcel, destacados entre los
apóstoles y convertidos a Cristo antes que yo.
8
Saluden a Amplias, mi querido
hermano en el Señor.
9
Saluden a
Urbano, nuestro compañero de trabajo en Cristo, y a mi querido hermano Estaquis.
10
Saluden a Apeles, que ha dado tantas
pruebas de su fe en Cristo. Saluden a los de la familia de Aristóbulo.
11
Saluden a Herodión, mi pariente.
Saluden a los de la familia de Narciso, fieles en el Señor.
12
Saluden a Trifena y a Trifosa, las
cuales se esfuerzan trabajando por el Señor. Saluden a mi querida hermana
Pérsida, que ha trabajado muchísimo en el Señor.
13
Saluden a Rufo, distinguido
creyente, y a su madre, que ha sido también como una madre para mí.
14
Saluden a Asíncrito, a Flegonte, a
Hermes, a Patrobas, a Hermas y a los hermanos que están con ellos.
15
Saluden a Filólogo, a Julia, a Nereo
y a su hermana, a Olimpas y a todos los hermanos que están con ellos.
16
Salúdense unos a otros con un beso
santo. Todas las iglesias de Cristo les mandan saludos.
17
Les ruego, hermanos, que se cuiden
de los que causan divisiones y dificultades, y van en contra de lo que a ustedes
se les ha enseñado. Apártense de ellos.
18
Tales individuos no sirven a Cristo nuestro Señor, sino a sus propios
deseos. Con palabras suaves y lisonjeras engañan a los ingenuos.
19
Es cierto que ustedes viven en
obediencia, lo que es bien conocido de todos y me alegra mucho; pero quiero que
sean sagaces para el bien e inocentes para el mal.
20
Muy pronto el Dios de paz aplastará
a Satanás bajo los pies de ustedes. Que la gracia de nuestro Señor Jesús sea con
ustedes.
21
Saludos de parte de
Timoteo, mi compañero de trabajo, como también de Lucio, Jasón y Sosípater, mis
parientes.
22
Yo, Tercio, que
escribo esta carta, los saludo en el Señor.
23
Saludos de parte de Gayo, de cuya
hospitalidad disfrutamos yo y toda la iglesia de este lugar. También les mandan
saludos Erasto, que es el tesorero de la ciudad, y nuestro hermano Cuarto.
25
El Dios eterno ocultó su misterio
durante largos siglos, pero ahora lo ha revelado por medio de los escritos
proféticos, según su propio mandato, para que todas las naciones obedezcan a la
fe. ¡Al que puede fortalecerlos a ustedes conforme a mi evangelio y a la
predicación acerca de Jesucristo,
27
al único sabio Dios, sea la gloria para siempre por medio de Jesucristo!
Amén.